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jueves, 14 de julio de 2011

Capítulo 3: "Primer día de clase"

Pipipipipiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii. PIPIPIPIPIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII.
¡¡¡Maldito despertador del demonio!!! No hay un ruido más desagradable que el que produce un despertador, imposible quedarse dormida. Ha sonado hasta que la cabeza me ha empezado a temblar, y eso ya es decir. Arggg... ¡qué dolor de cabeza! Mañana romperé ese despertador, lo juro. Pero lo mejor de todo es que, seguido a el ruido insoportable del despertador de mi madre ( que no tengo la menor idea de por qué ha sonado, y tan temprano, a las 6 y media de la mañana, si eso es casi ilegal jajaja Me he reído sola, obviamente.) ¡ me ha sonado la alarma de mi móvil! Increíble. Buena manera de empezar el día. En un nuevo instituto, para el cual, tengo que coger TRES autobuses, ¡¡¡¡TRES!!!! Yo es que por muchas vueltas que le daba, seguía sin verle nada bueno a este instituto nuevo al que mis padres me habían matriculado. Se llamaba Fernando de Herrera, y aunque todo el mundo me decía que era un buen instituto, a mí me parecía un horror. Pero al menos me conformaba con pensar que por las tardes podría estar con mis amigos de toda la vida. Aunque el hecho de no poder graduarme con ellos me molestaba casa día más. ¡¡Uffff!! Mi vida empezaba a convertirse en un infierno. Con estos pensamientos tan negativos y pesismistas me levanté de la cama y me dirigí casi automáticamente al baño, e hice lo propio. Me lavé los dientes, la cara, etc, etc.
Cuando volví a mi habitación cogí la camiseta de tirantes color coral  con pequeños lunares blancos que había encima de mi escritorio, porque aunque era septiembre hacía un calor terrible. Así era Sevilla, y a pesar de todo, eso me gustaba. Estaba  acostumbrada a sobrevivir con la calor, por lo que el frío era mi peor enemigo. A continuación me coloqué unos vaqueros largos oscuros, unas sandalias del mismo color que la camiseta y salí encaminada hacia la sala de estar donde cogí un bolso grande donde guardaba una libreta y varios bolígrafos. Eran los primeros días, y no tenía los libros todavía. Cogí lo propio: el móvil, las llaves, la tarjeta del bus y algo de dinero para desayunar.
Cuando llegué al instituto todavía era temprano, así que busqué rápidamente algún bar donde poder desayunar. ¡Cómo me rugía el estómago, nena! Era raro, necesitaba desayunar desde el momento en que ponía los pies en el suelo por la mañana. Así que me fui al más cercano. Dentro había trabajadores que empezaban a trabajar pronto. No sé donde leches desayunaba la gente de este instituto, pero me daba igual. Me pedía una entera con mantequilla y jamón de york, acompañada con mi zumo de melocotón. Mmmmm... me iba a sentar fenomenal, lo mejor de lo que llevaba de mañana, de hecho.
Miré el reloj. Las 8 menos cinco. Salí pitando. No sé si sabría llegar a la clase a la primera así que... seguro que llegaba tarde. Con un poco de suerte me encontraba a a Claudia por la puerta.
Cuando conseguí dar con el aula, la clase de lengua ya había empezado. Menos mal que con eso de que era nueva no te ponían mala cara los profesores jajaja Entré en la clase sintiéndome observada por todos a mi alrededor. Argg, cómo odio esta sensación. Como ya he dicho odio ser el centro de atención, y ahora, lo era. Crucé la clase hasta la tercera fila de la parte central, y me coloqué en el mismo asiento del viernes pasado, al lado de Claudia. Ella ya estaba allí, lógicamente. La chica no dijo nada para no interrumpir la clase, pero me sonrió cálidamente y me hizo un gesto con la mano indicándome que me sentara rápido. Esta chica era un auténtico sol.
Saqué un par de folios y un boli e iba apuntando lo que la profesora iba diciendo. Eran los materiales que íbamos a necesitar durante el curso. De pronto encontré una nota de Claudia encima de mi mesa: Eyy, qué haces en el recreo? ^^

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