-¿Roberto Calvo?-preguntó el profesor mientras pasaba lista. El chico levantó la mano y sonrió mientras lo hacía.
No tardaría mucho en escuchar mi nombre...
-¿Alicia Caravante?
- Presente- dije sin mucho entusiasmo y muchísima vergüenza. Estaba sentada entre las filas de en medio, por lo que la mitad de la clase se giró para comprobar de donde provenía esa vocecilla idiota que me había salido de la garganta provocando un sonido agudo que casi parecía absurdo. La otra mitad de la clase me miraba y se reía. Esto era realmente patético, en serio. No soportaría ni un día más.
- Señorita Caravante, ¿es usted nueva en el centro?
-Ehhh...-titubeé un poco- sí, me he trasladado aquí para cursar primero de bachillerato.
-Y, ¿de qué centro procede?- dijo el profesor, Alberto Montes- en un tono desinteresado.
- Del Llanes...-respondí tímidamente.
-Ajá-dijo el profesor como toda respuesta, y yo lo agradecí, no me gustaba nada ser el centro de atención, y me temo que a partir de ahora me convertiría en la comidilla de la clase durante unos cuantos días.
Menos mal que Claudia, la chica que había conocido en la entrada se había sentado a mi lado mostrándome todos sus dientes en una sonrisa más que bonita, en un intento de tranquilizarme y de hacerme sentir a gusto en este instituto. Y realmente agradezco su esfuerzo y amabilidad, pero fueron fallidos porque no conseguí relajarme hasta que la media hora de presentación terminó. Durante esa media hora me dediqué más que nada a obsevar a mis futuros compañeros. Había algunos chavales bastante monos, pero no me acordaba de ninguno de sus nombres, más que nada porque ni siquiera había escuchado al profesor mientras pasaba lista. ¡Estaba de los nervioooos!
Al salir del aula, Claudia me acompañó todo el tiempo, y se ofreció a enseñarme el Instituto y... a los compañeros. Iba a decirle que no cuando un chico de un metro ochenta más o menos se acercó a nosotras. Al parecer estaba en mi clase, pero a mí ni siquiera me sonaba su cara. Supongo que se habría sentado unas filas más atrás.
-¡Hola!-saludó el chico amablemente- Soy Pablo, encantado.
Nos dimos dos besos en las mejillas. Qué bien que olía este chico. Además era guapo. No sé como no me había fijado en él antes. Tenía los ojos verdes y el pelo negro. Y para rematar, era más que simpático...
-Yo soy Alicia, encantada también- dije, para posteriormente sonreír como una imbécil que nunca ha visto a un tío... No tenía remedio. Siempre me pasaba igual, me moría de la vergüenza cuando tenía que hablar con alguno, y si era guapo, era el remate. Nota mental: Dejar de babear cuando un chico guapo se te presenta.
Fui con Claudia y Pablo hasta salida, y una vez allí me despedí de ellos. Me habían estado contando así por encima cómo era el instituto y los profesores que nos habían tocado. Parecían simpáticos. Yo casi diría que Claudia anda detrás de Pablo, casi podría asegurar que hay algo entre ellos, pero nada claro, ya me enteraría.
Al bajar los cuatro escalones que me conducían hasta la acera, vi el coche de mi padre que, por ser el primer día, se habían esperado a recojerme. ¿¡Qué menos después de cambiarme de instituto para el Bachillerato!?
No hay comentarios:
Publicar un comentario