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domingo, 2 de octubre de 2011

Capítulo 13: Aiiins...

El cláxon del coche de Álex sonó tan fuerte como un trueno en plena madrugada. Me sobresaltó. Rápidamente me levanté, cogí mi bolso y salí de casa cerrando la puerta con llave. Salí por el portal con una sonrisa enorme mientras lo miraba feliz. Él parecía tener la misma expresión dibujada en su cara. Me miraba absorto mientras pasaba por delante de él para subirme al coche. Abrí la puerta, veloz y entré.
-¡Holaaaaa! ¿Adónde vamos? ¿Adonde vamos?-dije poniendo mi mejor voz de niña pequeña. Él se limitó a mirarme a los ojos mientras sonreía. Y tranquilamente se acercó a mí y me acarició los labios con los suyos mientras rozaba mi pelo con las manos.
-Es un secreto- dijo de pronto, feliz- Pero es una tontería, a lo mejor, no te gusta...-esta vez, sonó desilusionado.
-¿Cómo no me va a gustar? Aunque me llevaras a un basurero sería perfecto, estás tú...- me puse roja como un tomate. Debió ser la emoción del momento, porque yo no acostumbraba a decir este tipo de estupideces románticas, eso se lo dejaba a él. Pero lo dije. Y él, sin dejar de mirarme se rio a carcajadas y luego, me volvió a besar. Y me encantaba que lo hiciera, porque podría pasarme horas besándolo. Era tan maravillo estar con él... No era ninguna mentira lo del basurero. Y sin decir nada más, arrancó.
-¿Qué tal el día en clase?- preguntó sin más.
-Bueno, bien. Demasiado laargo, extremadamente. Pero bien, ya tengo algunos amigos con los que me llevo bien, se portan fenomenal conmigo- dije sin prestar demasiada atención a lo que decía. Estaba ansiosa por averiguar adónde me llevaba.
-Qué menos para una princesa- y rió.Y yo sonreí también. Después de todo me gustaba que me llamara así "princesa". Quedaba tan bien en sus labios que parecía que lo hubiera estado haciendo toda la vida.
Y con esas palabras me eché hacia atrás en el asiento e intenté relajarme mientras aspiraba el aire fresco de esa tarde. No quise imaginar hacia donde me llevaba así que decidí cerrar los ojos y esperar. Y así me llevé por lo menos un cuarto de hora hasta que sentí como el coche empezaba a parar y seguir continuamente debido al tráfico. Deduje que estabamos entrando en el centro o así, así que abrí los ojos para comprobarlo. Efectivamente estábamos en el Prado, y Álex se disponía a aparcar en algún sitio que hubiera libre. No decía nada, y en su cara se mostraba una expresión extraña que fui incapaz de interpretar. Decidí dejarlo pasar, no me apetecía estropear el momento.
Salimos del coche. Álex fue corriendo a encontrarse conmigo y esta vez llevaba su enorme sonrisa. Esa que taaanto me gustaba y que me hacía enloquecer :)
-¿Tienes alguna idea de adonde te llevo?- dijo sonriente.
-Pues no te creas...- pero no era del todo cierto. Me hacía mis ideas sin querer. Giralda, por ejemplo. O algún rinconcito romántico del barrio Santa Cruz, pero prefería callármelo y no arruinar la sorpresa. Me gustaba verlo así de entusiasmado. Qué mono estaba así :)
Recorrimos el trayecto en un romántico paseo agarrados de la mano. Hablando de cosas sin importancia, pero que me hacían tan feliz. Cuando Álex se paró y miré al frente descubrí la Plaza de España y enloquecí. No se me había pasado por la cabeza que me fuera a llevar allí. Era tan hermosa. Para mí, no había un lugar más bonito en toda Sevilla, ni siquiera en el mundo más mágico que aquel. Adoraba ese lugar.
-Álex, ¡me encanta esto! ¡Me encantaa!-dije loca de contenta. Él no podía parar de sonreir, orgulloso de su idea.
-Pues espera a ver el resto, ¡que todavía no sabes adonde vamos, princesa!
-¿Cómo? ¿Que no venimos a la Plaza de España?
-Shhh. Espera y verás...- me contestó dulcemente.
Nos adentramos por el sendero verde del parque María Luisa hasta llegar a la plaza. Álex me pidió que me quedara sentada en un banco un par de minutos mientras él iba a no se qué cosa. Qué raro resultaba todo aquello. No sé lo que hizo, pero volvió rapidamente con una enorme sonrisa en su boca y una repentina felicidad que creí que le iba a desbordar en unos instantes. Sonreí yo también muerta de curiosidad.
-Vamos, venga, que nos están esperando- dijo de pronto, y me agarró la mano mientras tiraba de mí hacia el canal de la plaza.
En el canal había unas cuantas barcas que reposaban en las aguas de la plaza. Solo una estaba habitada. Un hombre de unos cincuenta años nos sonrió cálidamente. Dentro de la barca había también un par de cojines rojos.
-¿De verdad vamos a subir en una?- dije emocionadísima. Me encantaba. Todo era super extraño. El canal estaba solo, no había ni una sola barca en movimiento, y la nuestra estaba adornada como si fuera una auténtica góndola y esa era muy extraño. Las barcas de aquí, no tenían ninguna de esas comodidades. No sé cómo lo hizo, pero me había conseguido sorprender enormemente.
-Claro, ¿es que no quieres?-bromeó. Y yo le di un pequeño golpe en el brazo mientras sonreíamos, cómplices.
Álex subió a la barca y se acomodó como pudo para encontrar el equilibrio y no caerse. Mientras, yo buscaba la forma se entrar a la improvisada góndola, con el miedo a caerme. Entonces, dos hermosas manos me tendieron toda su fuerza y apoyo. Ains, Álex. Suspiré y luego sonrerí. Lo miré a los ojos y le di las gracias mientras me apoyaba en  sus manos lo más fuerte que pude para no caerme. Luego, me senté a su lado mientras me acurrucaba contra su cuerpo. Hacía fresco allí abajo, pero no era el frío lo que me incitó a abrazarme a él, si no la felicidad que me embargaba en esos instantes. Y esos ojos verdes que me cautivaban cada día más. ¿Era eso posible? ¿Es que estaba empezando a enamorarme, otra vez? No lo quise pensar, así que me limité a mirarlo. A él, al paisaje, y a él otra vez. Era tan maravilloso estar allí...
-Gracias, Álex. Me encanta estar aquí, contigo. Es maravilloso. No sé cómo lo has hecho, pero esto es simplemente perfecto.- quise pronunciar esas dos palabras que me rondaban por la mente desde hacía días y que rozaban el filo de mis labios sin llegar a salir completamete. Me empezarian a ahogar si no  lo decía pronto, pero las reprimí un poco más. Álex me miró feliz, sin saber cómo reaccionar.
Me miraba, me miraba mucho. No podíamos dejar de mirarnos. Y de pronto, sentí un irreflenable deseo de besarlo. Busqué sus labios en la casi oscuridad de la ya empezada noche. Los busqué primero con los ojos, y los seguí con mis labios. A tientas, me acerqué a su boca, intentando no moverme en aquel momento con el zarandeo de la barca. Y de pronto lo besé, lo besé laaargo rato. Y noté cómo su lengua buscaba la mía. Y no quería parar. Nunca. Me gustaría quedarme así siempre, pero el paseo solo duró unos minutos más.
Al bajar de la barca, Álex me cogió de la mano y caminamos juntos hasta el coche. Locos. Felices. Enamorados...
El camino se hizo cortísimo y en silencio. De vez en cuando Álex me miraba mientras me acariciaba la pierna izquierda. Y me sentía realmente feliz.
De repente, el coche paró en seco, volviéndome a la realidad. Álex me miró a los ojos y me volvió a besar. Y me sentí pequeñita, completamente embriagada por el olor de su boca, de su piel, de su ropa. Y sentí el deseo de no separarme nunca de él, ni siquiera esa noche, que me hubiera gustado pasar junto a él. Dormir junto a él. Escuchar el sonido  de su respiración y despertar a su lado mientras un olor a café nos despertaba por la mañana. Pero eso era correr demasiado. Mejor me quedaba con la ilusión y el deseo.
Álex me miró, y se quedó pensativo de pronto.
-No quiero que te vayas todavía- dijo- quiero quedarme contigo un rato más.- y yo también lo necesitaba, pero no podía. Tenía instituto, y era tarde. Seguro que mi madre se enfadaría. Suspiré de coraje y apoyé mi cabeza en su pecho.
-No puedo. No puedo- dije mientras suspiraba. Y después. sentí un vacío enorme en mi interior. Quería quedarme con él. Allí. Acurrucados los dos.
Y nos quedamos así un ratito más, hasta que, esas dos palabras no pudieron soportar ni un minuto más y salieron deliberadamente sin que yo les diera permiso para pasar.
-Te quiero, Álex.  Te quiero mucho.
Álex sonrió y me besó. Y me volvió a besar y después dijo:
-Seguro que no más que yo, princesa.

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